
Soñè que estabamos en Puebla a fuera de la iglesia de los angelitos cachetones indigenas y locos que abrazan sirenas. Soñè que nos besabamos y empezaba a llover, màs y màs, pero no fuerte, no como para arrancar cabezas, sino tupido y rico, como si hubieran calentado el agua. Entre màs nos besabamos màs llovia y era como si la gente se alegrara de mojarse; nada de paraguas, nada de buscar cornisas; todos afuera bailando bajo las plumas dulces de agua, todos buscando un cuerpo cercano, unos labios carnosos, un refugio a sus huesos, a sus sueños, a su deseo; un refugio de entrañas y piel para sus ilusiones, de promesas y polvo para su cuerpo, de aciertos

y errores para su vida, de ternura y olvido para su muerte; todos agradecidos con esa caricia del cielo, con ese indulto divino, con esos minutos de gracia; todos dispuestos a la còpula eterna con uno mismo y el mundo, con lo inmortal y la tierra que es el amor.
2 comentarios:
angelitos bodegueros ... solo se dan en Puebla ;).
Suena a que fue un sueño de esos que te hacen despertar con una sonrisa enorme... exquisitamente relatado.
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