La agregué desde enero de este año, sin embargo debido a su inconsistencia para entrar al Messenger, y también debido a mis ocupaciones de la tesis de maestría, no me fue posible platicar con ella en forma sino hasta abril. La vida está llena de coincidencias tremendas. Empecé a hablar con Gabriela el mismo día en que Rei cumple años. A veces la vida está llena de mensajes y claves difíciles de percibir, e imposibles de descifrar.
Por ese tiempo la relación con Anel estaba a punto de disolverse por completo. Me di cuenta que su ausencia no me provocaba malestar, al contrario, me liberaba. Anel llegó a mi vida en el momento y en la situación equivocados. Cada vez la veía menos seguido. Cada día platicabamos menos. En cada momento sentía que la necesitaba menos, y de hecho me alegra que se haya alejado de mí. No queria lastimarla, ni tampoco queria que su dolor y despecho me lastimaran. La distancia y el tiempo definieron la fórmula que mejor catalizó nuestra nula relación futura. Pero por el momento quiero enfocarme en Gabriela. En realidad no es difícil hacerlo. De Anel no queda más por decir.
Gabriela es una niña extraordinaria. Sus letras, su forma de narrar las cosas, de transmitir ideas, de provocarte sentimientos en toda ocasión es bastante impresionante. No he conocido a nadie que escriba como ella. Sus letras están empapadas de nostalgia, de una dulce nostalgia. Cuando la leo me gusta poner a Chopin a todo volumen. Sentimiento musical combinado con nostalgia literaria hacen una mezcla perfecta para una persona como yo. Mezcla perfecta para una persona que ha aprendido a saborear el dolor, hasta el punto de gustarle y de extrañarlo.
Empecé a hablar en forma con esa mujer nostálgica a partir de abril del presente. Ansiaba ver su rostro, pues en su blog solo ponía imágenes borrosas de sí misma. Después me aclaró que era para guardar el anonimato. Recuerdo que desde la primera plática nos empezamos a llevar muy bien. Recuerdo también que en esa primera plática me recomendó a Auster y su cuaderno. La vida está llena de posibilidades, de probabilidades, de coincidencias y de eventos que desencadenan otros. En ese libro aprendí que es increíble la manera en que la vida va tejiendo sus redes y te va llevando al punto en que necesitas estar en el momento y en el espacio adecuado. Llegas al punto donde tienes que estar, y a veces sin saberlo, sin pretenderlo, sin forzarlo. Sin embargo las probabilidades de Auster, y de Gabriela por ende, son eventos que no pueden pasar desapercibidos. Son tan impactantes que es imposible que pasen de largo. Son notorios en toda su extensión. Es imposible no verlos. Es imposible no detectarlos. Es imposible no percibirlos.
Gabriela siempre ha creído en la probabilidad, y en que la vida está llena de ella. Yo también creía lo mismo, pero además le daba a esa probabilidad una careta de destino. Ahora no lo sé. Las probabilidades de Gabriela son tan, pero tan asombrosas que parecen premeditadas por alguien o por algo. Parece que quien viste la careta es la probabilidad, y por detrás el rostro verdadero le pertenece al destino. El cuaderno a veces parece mágico, de otro mundo, como de ciencia ficción.
Sin embargo el mismo evento de conocerla disparó la probabilidad de que mi vida cambiara por completo. Creo que las historias de Auster no son tan irreales como había pensado en un principio. El cuaderno que Gabriela me recomendó me permitió considerar que la vida está llena de probabilidades causales, no casuales. Las probabilidades no surgieron por mera probabilidad, es decir, no son meta-probables, sino que fueron diseñadas a propósito en un pleno ejercicio de causa-efecto. Las probabilidades es posible que tengan su fuente de existencia en el destino. Tal vez estaba completamente equivocado. La probabilidad no es quien viste la careta de destino, sino todo lo contrario, el destino es quien viste la careta de probabilidad. Sin embargo eso solo el tiempo me lo podrá aclarar.
Gaby me fue enamorando poco a poco. Hablamos de tantas, pero tantas cosas que resulta realmente burdo y pobre el intento de recordarlas y contarlas cada una de ellas. Me viene a la mente, por ejemplo, su gusto por bailar, le gusta muchísimo hacerlo. Le dije que aunque yo no era muy bueno, algún día pasaría por ella para ir al Tigre o a la Roka, llegaría por ella en mi Smart para sacarle brillo a la pista. Después, tomaríamos el cochecito para ir a dominguear. También acordamos en broma, o tal vez en seria ilusión, que algún día iríamos juntos a Europa, y yo vendería tacos árabes, y ella pulseritas en las playas. Eso era un negociazo seguro, me decía, yo solo sonreía y lo afirmaba.
A lo largo de los dias pude darme cuenta que es una mujer enamorada del amor, del abstracto. Es por eso que cuando el amor le aborda no se da cuenta, o bien no lo puede procesar, o bien no lo quiere hacer. A veces creo que Gaby es toda una contradicción. Por un lado es soñadora, pero por otro bastante realista y conservadora. Su forma de pensar hizo que las cosas entre nosotros no se pudieran dar. Su desconfianza y miedo al amor, a lo perdurable y a lo sincero, la hace poner su razón por encima de sus sentimientos. Para ella es mucho más cómodo controlar lo tangible que lo intangible. Probablemente tenga razón. Probablemente es mejor no lanzarse de panza pues así y solo así evitas caer en las piedras y romperte la cabeza. Nunca estuve de acuerdo con su forma cómoda de pensar y manejar las cosas, pues ciertamente no se arriesga mucho, pero por lo mismo tampoco se gana. Sin embargo ella siempre me dijo que estaba consciente de ello, lo cual ciertamente me hizo sentir mucho mejor, y también me dijo que una buena parte de los deberes de la vida estriba en afrontar tus decisiones con valentía y vivir con las consecuencias. Afrontar las decisiones con muchos pantalones, o en su respectivos casos con muchas faldas, siempre me lo decía. Su miedo para arriesgarse lo equilibraba con su valentía para aceptar con entereza las consecuencias de sus acciones o no acciones,… pues no actuar también es una forma de actuar, y siempre, siempre se lo hice notar.
“Si el universo es infinito, la posibilidad de que algo pase es total, porque se cuenta con toda la eternidad para que se pueda dar”.Recuerdo esa frase de ella, y recuerdo también las horas y horas que platicábamos sobre las probabilidades de que las cosas se dieran. Las probabilidades de que la extinción fuera la regla y que la evolución fuera la excepción de la vida. Las probabilidades de que estuviéramos ella y yo platicando en ese momento, la forma en que nos conocimos, el por qué estábamos hablando, las probabilidades de que algo se pudiera dar entre nosotros.
Mayo llegó de repente y cada día las conversaciones subían de tono. Un día estábamos tan melancólicos que me propuso vernos el fin de semana, ir a un bar en Puebla o en el D.F, cantar a Sabina y emborracharnos. Brindar por los malos amores, pues aunque no es la forma adecuada para curarlos ni olvidarlos, al menos se la pasa uno muy bien. Todo el tiempo me decía que la melancolía era una tristeza dulce y altamente disfrutable. Tristemente coincidía con ella. También me decía que le gustaba Chopin porque él sabía perfectamente el disfrute de la tristeza. Siempre me dijo que Chopin tocaba porque todos sus demonios bailaban con ángeles mientras hacía sus nocturnos. Yo solo sonreía pues mis demonios no bailaban con ángeles, sino danzaban sobre mi carne y huesos, sobre mis tripas y ojos. Demonios danzando en señal de triunfo, triunfo de la muerte sobre la vida, en señal de triunfo de la desesperanza sobre la fe, triunfo del miedo a la muerte por encima de la confianza en Dios.
Recuerdo su amor por lo imperfecto. Eso me dio mucha esperanza. Me dijo en alguna ocasión que amaba la imperfección de las cosas, las cicatrices de las personas, los dientes chuecos, inclusive las panzas. Hablamos de México, de los mexicanos, de los problemas que nos agobian, de la forma de gobierno, del imperio ultrajado y del impuesto. En cada plática, en cada situación de risa, y sobre todo en las de tristeza y melancolía sentía que la iba queriendo más y más. Además de su inteligencia y sencillez, me cautivo la manera tan asombrosa en que nos llevábamos tan bien.
Junio fue un mes muy agitado y decisivo en mi vida. En ese mes cumple años mi hermana, en ese mes también es el cumpleaños de mi papá. En ese mes por primera vez escuché la voz de Gaby. Durante casi todo el mes de Junio me la pasé revisando su blog, leyendo y releyendo cada publicación, memorizándolas, haciéndolas mías, tatuándolas en mis recuerdos. Ese mes casi no se pudo conectar y yo sentía cada vez más una necesidad muy grande de encontrarla. Sentía que estaba empezando a interesarse en mí, y yo definitivamente estaba no solamente interesado en ella, sino además estaba empezando a sentir algo muy fuerte por ella. Ahora sé que no era amor, pero definitivamente pasé muchos días en los cuales tuve muchísima confusión. Confusión porque yo no creía que alguien pudiera sentir algo por otra persona sin conocerla en vivo, no creía que fuera posible enamorarse por internet. Sin embargo se puede engañar al cerebro, pero no al corazón, y ciertamente sentía algo por Gaby. Fuera de toda lógica era indiscutible que sentía algo por ella, era indiscutible que la pensaba gran parte del día, y sobre todo era indiscutible que quería conocerla.
El 20 de junio por fin se conectó. No podía aguantar más y abiertamente le dije que la extrañaba muchísimo, que todo el tiempo pensaba en ella. Me dijo que quería hablar conmigo, escuchar mi voz. La agregué a Skype y comenzamos a hablar. Tiene una voz hermosa, muy hermosa, como de locutora de radio. Empezamos a charlar sobre religión, sobre arte, sobre literatura, sobre muchas cosas sin sentido también. Creo que el tema era lo de menos, lo trascendente era que estábamos hablando por fin, y ambos lo queríamos desde hace ya varios días, inclusive semanas. Nos cantamos canciones de amor, reímos, nos cantamos más canciones de deseo, todas con un mensaje indirecto, pero a su vez sumamente claro. Ese día terminamos de hablar en la madrugada, no queríamos despedirnos pero era tarde ya. Antes de colgar le dije que la quería, me dijo que ella también a mí. Nos despedimos y me fui a dormir con su voz en mi cabeza, repitiéndose continuamente, reproduciéndose en mi cerebro incesantemente.
No pude dormir bien esa noche. Al otro día me levanté y lo primero que hice era ver si estaba conectada. No lo estaba. Necesitaba más de ella, y la única manera era a través de su blog. Estaba muy triste, me sentía muy solo, sentía que la distancia que había entre nosotros haría que lo nuestro no se pudiera dar. Es por eso que no creía en las relaciones a distancia, y eso me frustraba enormemente. Me senté en mi escritorio y me puse a navegar en su blog. Revisé publicaciones pasadas, las releí una y otra y otra vez. En una de las más recientes publicaciones vi a una mujer bloguera con nombre “Débora Hadaza” quien invitaba a Gaby a checar un blog nuevo que había creado recientemente.
Débora Hadaza… Débora Hadaza… Débora Hadaza. Pensé que se escuchaba muy bonito el nombre, tenía mucha fuerza y personalidad. Ví la imagen de esa bloguera y se trataba de unos labios muy hermosos en blanco y negro, unos labios carnosos que invitaban al placer, que provocaban una gran fijación y deseo. Deseo de mirarlos por mucho rato, deseo de sentirlos, de morderlos… unos deseos indescriptibles de conocerlos, de besarlos. Eran unos labios perfectos. El labio superior delgado, muy bien delineado. El inferior era más grande, más ancho, carnoso, exquisito para besar, para morder, para sentir y saborear. Esos labios me atrajeron desde ese primer momento, me interesaron desde ese instante en que los vi.

La vida es un completo misterio, y muchas veces no entiendes las cosas en el momento en que las sientes o te suceden, pero después, en el momento adecuado, ciertamente encuentras su verdadero significado. Sé que podrá sonar a un completo disparate, pero para mí que lo sentí y lo viví no lo es. No puedo explicar muy bien lo que sentí cuando vi esos labios, cuando leí ese nombre. Recuerdo que algo dentro de mí despertó, como una consciencia superior. Sentí que se me movieron los intestinos, sentí vértigo, era como si me hubiera asomado a un precipicio, como si estuviera en caída libre. Algo dentro de mí me susurró que esa persona era especial, trascendente. Sentí como si ya la conocía, como si ya la hubiera visto antes, sin embargo sabía que eso no era posible. Es como cuando vives algo, y sientes que ya lo habías vivido previamente. De la misma manera la vi esa primera vez y sentía que ya la conocía, pero además tenía esa extraña sensación de que era trascendente en mi vida. Era como si ya la conociera, pero obvio no desde el pasado, y mucho menos del presente. Era como si conociera a Débora Hadaza desde el no-tiempo,… desde la eternidad.
No pude soportar más esa inmensa curiosidad por esa mujer de labios grises y me dirigí a su perfil. Ahi estaba su nombre completo. Compositora de oficio. Residía en la ciudad de Morelia. Definitivamente no la conocía. Vivía muy lejos de mi ciudad y además no recordaba conocer a alguien con ese nombre y esa ocupación. Jamás había tenido a una amiga, ni siquiera una conocida compositora. En mi mundo solamente se movían ingenieros, actuarios, diseñadores, abogados, economistas, e inclusive médicos. Sin embargo, definitivamente dentro de mis amistades y conocidos no se encontraba una compositora. Era seguro que no la conocía, completamente seguro. Pero entonces… ¿por qué seguía teniendo esa inmensa y creciente incertidumbre por esa mujer? ¿por qué algo de mi sentía algo extraño? ¿por qué tenía esa loquísima sensación de que se trataba de alguien importante?
Durante unos minutos traté de descifrar esa extraña sensación que me estaba provocando Débora, sin embargo no pude entenderlo. Tenía dos blogs en su lista, me dirigí al primero que vi, al llamado Error Errante. Leí su publicación más reciente, me gustó mucho su estilo, bastante sincero, bastante cargado de sentimientos. No conocía muchos blogs de ese estilo en el que las personas narran sus sentimientos con una seguridad y sinceridad tan contundentes. También pude percibir mucha tristeza, mucho dolor, soledad, ausencia. Sus post estaban plagados de amor, pero de un amor que duele, de un amor que mata, que destruye, que pulveriza. Me sentí identificado de alguna manera. Le comenté pidiéndole que por favor me consiguiera cianuro. Volví a ver su perfil, me grabé esos labios en la mente. El resto de la tarde seguí pensando mucho en Gabriela, pero también seguía con la intriga de esa mujer de labios grises, de Débora.
Al otro día Débora me contactó en mi blog. Me comentó en una publicación que había hecho en donde describía brevemente la trama de una película de guerra que recién había visto. Me dijo que le interesaba ver esa película, y que si encontraba cianuro me avisaría de seguro. Su respuesta me dio mucha risa y en ese momento decidí contactarla, decidí conocerla, decidí aclarar esas raras sensaciones que me provocaban su nombre y sus labios, decidí averiguar quién era realmente esa mujer y por qué sentía que era importante conocerla. Sin embargo quería saber pronto de ella, quería hablar con ella de inmediato y quitarme esa incertidumbre pronto. No podía perder mucho tiempo como lo había venido haciendo con Gabriela. Tenía que platicar con Débora lo más pronto posible. Fui a su perfil y no tenía ningún correo registrado. La busqué en internet y encontré una página en donde vi su nombre, su lugar y fecha de nacimiento, su carrera y tres correos de contacto. Anoté su correo de Hotmail en un papelito y lo guardé en mi escritorio.
Durante varios días estuve pensando si era buena idea agregar a una persona que apenas había conocido en internet. Tal vez Débora podría pensar que tenía malas intenciones, tal vez podría asustarla y entonces mis intentos por conocerla y saber su trascendencia quedarían completamente frustrados. Durante esa semana establecí cierta comunicación con ella a través de nuestros respectivos blogs. El viernes 27 de junio no pude más con esa incertidumbre que había estado teniendo y la agregué a mi cuenta del Messenger. Esa misma noche comenzamos a hablar.
Las probabilidades de Auster, sin saberlo, sin buscarlo, se habían apoderado de mi vida. Esa noche mí vida cambió para siempre, esa noche empecé a conversar con la mujer a la que amaría con toda mi alma, con todo mi corazón, con todas mis fuerzas y mis huesos. Esa noche mi alma se unió a la de ella sin saberlo. Esa noche empecé a conversar con la mujer que sería mi amiga, mi confidente, mi novia, mi amante, mi esposa. Esa noche conocí al amor de mi vida. Ninguno de los dos lo sospechaba, pero de alguna manera ambos lo sabíamos. El misterio y la incertidumbre que me provocó desde un inicio poco a poco fueron tomando sentido. Débora Hadaza estaba predestinada para vivir su vida a mi lado. Sin embargo en ese primer día ni siquiera lo sospechábamos. Comenzamos a hablar, y la química se dió de una manera mágica, increíble, como nunca antes me había sucedido en la vida. La historia estaba apenas comenzando. Esa increíble historia apenas estaba iniciando. Pronto la comenzaré a escribir.
Todo lo narrado y escrito en este blog antes de esta publicación tiene como objetivo dejar un breve contexto de cómo fue el proceso que me llevó a conocer a Débora. Todo lo escrito antes de esta publicación fue solamente la introducción a esta historia. El capítulo primero esta apenas por contarse. Mientras escribo, la historia sigue creciendo sin parar, cada día hay más vivencias, más besos, más detalles, más eventos de amor y pasión. Espero que me alcance la vida para contar la mayor parte posible de esta historia. Sé de antemano que este proyecto no lo podré concluir yo, tampoco Débora, solamente podrá ser terminado por Sarai o por Israel, pues mientras viva, mientras Débora viva, la historia segúirá desarrollándose. Mientras tanto aqui estoy, frente a mi computadora, frente a esta laptop que seguramente será un dinosaurio para las décadas venideras. Aqui estoy con una gran sonrisa, con los ojos llorosos por la emoción, con un nudo en la garganta por el amor, aqui estoy iniciando apenas el objetivo de este blog: escribir nuestra historia. Decidí usar la palabra escribir porque es la más genérica posible. No siempre se narrará, no siempre será como un cuento, como una novela. Ese estilo aburrido lo dejo para mi. Habrá también poesía, imágenes, dibujos, canciones. Y lo mejor de todo es que no estoy solo, mi compañera y editora esta detrás de mi, ayudándome, apoyándome, como siempre lo ha hecho desde que la conocí, como siempre lo hará.
En estos momentos recordé nuevamente la frase de Gaby, la de la probabilidad, aquella que decía que en un universo infinito las probabilidades eran totales. Yo creo en un universo infinito. Si mis creencias son ciertas, y si los raciocinios de Gaby también lo son, algún día la probabilidad de que algo entre Gabriela y yo se pueda dar es total, es completa. Sin embargo algo falló en la lógica de Gaby, y bendito fallo, o mejor dicho, bendito acierto, pues yo lo considero como un acierto. Algún día Gaby sabrá que la probabilidad total de que a través de ella conocí al amor de mi vida se dio primero que la probabilidad total de un amor entre Gaby y yo. Bendito orden probabilístico. Bendito instante en que decidí conocer a Débora Hadaza. Bendita probabilidad total de que me enamorara de ella. Bendita su existencia. Bendita su presencia. Bendito su ser. Bendito el momento en que la vi por primera vez. Bendito su amor. Bendito nuestro Dios por habernos reunido en este único espacio y en este único tiempo. A través de estas lineas quiero decirle a esa mujer de labios grises que la amo y que la amaré siempre.