miércoles, octubre 15, 2008

El inicio del acierto

No recuerdo el día exactamente, solo sé que fue en junio del año pasado. Junio..., junio siempre ha sido un mes importante en mi vida. Es el mes en que mi hermana y mi padre cumplen años, es el mes en que me gradué de la licenciatura, que por cierto es la graduación más hermosa que jamás haya visto. Junio ahora también es el mes en que nació el amor de mi vida, el mes en que supe por primera vez de su existencia. Pero no quiero desviarme del tema, no por ahora.

Fue en junio del año pasado que me invitaron a una reunión de exalumnos. No tenía ganas de ir, me sentía cansado, hastiado de la vida, sin rumbo. Estaba de vacaciones y se suponía que tenía que invertir todo mi tiempo en mi tesis de maestría. Sin embargo no podía, no tenía ganas ni tampoco entusiasmo. Me sentía muy cansado, mi carne estaba flaqueando, mi alma no tenía sustento, no había de donde echar mano para poder levantarme y seguir caminando. Recibí una llamada de mi amigo diciéndome que me estaban esperando, que no los fuera a dejar plantados. Le dije que estaba ocupado pero no le importó, me dijo que tenía que estar ahí fuera como fuera. Eran como las cinco de la tarde. Ya me había puesto cómodo pero tuve que vestirme nuevamente. Salí de mi casa, me subí al auto y me dirigí al restaurante donde era la reunión.

Cuando llegué, lo primero que hice fue dirigirme al amigo que tanto insistió en que fuera. Tenía años de no verlo, y nos dimos un fuerte abrazo. Durante un buen rato estuve platicando sin parar, no solo con él por supuesto, sino también con otros amigos a los que estimo muchísimo. Como a la hora de que llegué, escuché que mi amigo gritó: “por fin llegas”. Se trataba de su hermano, quien iba acompañado de su novia Natalia.

Se sentaron frente a mí, me saludaron ambos y seguimos platicando el resto de la tarde. Quedé impactado con la inteligencia, dulzura y belleza de Natalia. Simplemente no podía dejar de verla y supongo que era evidente pues su novio se empezó a incomodar. Sentí celos, impotencia y soledad. Celos porque en ese momento no tenía como novia a una mujer así, tan impactante, tan ideal. Sentí soledad por obvias razones. En ese tiempo andaba saliendo con una muchacha con nombre Anel. Pero realmente nunca me sentí feliz a su lado, siempre me sentí solo, vacio, amando todavía a una mujer que representó durante muchos años lo que no pudo ser, la posibilidad frustrada, el amor desperdiciado y que nunca se pudo brindar.

Recuerdo que Natalia tenía unos ojos hermosos, negros, más negros que el abismo, más negros que la obscuridad, más negros que mi realidad. Eran brillantes, te perdías en ellos, podían transportarte a otro espacio y tiempo. Simplemente no podía dejar de verlos. Mientras la ponía nerviosa con mi mirada, empezamos a platicar sobre nuestras ocupaciones, gustos y hobbies. Lo más importante de todo lo que nos dijimos es que ambos teníamos un blog. Me platicó que en él ponía fotos, pensamientos, vivencias…, pero sobre todo fotos, muchas, muchas fotos. Es bailarina y fotógrafa de afición, pero una de las mejores que he conocido en mi vida. Me sonó interesante el concepto que manejaba, además de que de alguna manera quería seguir teniendo contacto con ella. Fue la oportunidad perfecta y le pedí la dirección de su blog. Me la dictó y anoté presuroso. Creo que le pedí en dos o tres ocasiones que verificara que estuviera bien escrito. Con mucha risa y alegría desconcertada me decía que sí, que estaba bien. Sonreía yo también, nervioso, muy nervioso por tenerla frente a mí, pero siempre mostrándome seguro.

Llegó la noche y también la hora de irme, no sin antes despedirme de mis amigos, y por supuesto de Natalia. Me acerqué a ella, le di un beso en la mejilla y al oído le dije que iba a estar en contacto. Sonrió y me dijo que sí, que le parecía muy bien. Salí entusiasmado por haber conocido a una mujer tan hermosa, tan tierna, tan inteligente.

Regresé a mi casa y lo primero que hice fue prender mi laptop. Tecleé su dirección y ahí estaba su blog, fondo negro, con la imagen de un gato con ojos azules saliendo de una caja. Guardé su blog en mis enlaces preferidos y me fui a acostar pensando en los ojos de Natalia. Definitivamente me había gustado y mucho, intentaría conocerla más y más. Finalmente el cansancio me venció y me abandonó la consciencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

... una làstima no poder verle los ojos al gato